Acoso escolar; ¿de qué lado estás?

He pensado que sería interesante dedicar unas palabras a uno de los asuntos que más aterroriza a padres y madres en la actualidad a las puertas de los colegios ¿o debería puntualizar que dependiendo de a quien?

Vivimos en un mundo acelerado. Todo pasa muy deprisa. Nos levantamos, organizamos nuestras casas en apenas unos minutos, nos vamos a trabajar todo el día rezando para que a la vuelta todo esté tranquilo y bien, recogemos (o no) a nuestros hijos del colegio y una vez en casa, sus trabajos, ejercicios, exámenes, cenas, ¿paseamos al perro? ¡Ah! Si ¡tengo una cobaya!…y por fin, a dormir. Pero, ¿y entre medias? ¿Qué nos hemos perdido hoy? Y entonces llega una mamá o un papá de nuestro colegio y nos dice “a Rubén le están haciendo bullying en clase” y esa gota fría que corre por nuestra frente también recorre nuestra espalda y pensamos…¿qué era ese golpe que tenia mi hijo ayer en la cara?

NO, NO, NO y NO. No quiero decir que nuestro ritmo de vida haga que no estemos pendientes de nuestros hijos. Como madre trabajadora y sin horarios lo sé bien. Pero, ¿y si lo que estamos descuidando es el otro lado?

Los estímulos que modifican nuestra conducta y forman parte de nuestro aprendizaje son muy diversos. El cómo nuestro sistema cognitivo los integre obedece en gran parte a nuestra experiencia y a los conocimientos que hemos adquirido hasta la fecha. Tengo 37 años de experiencia interpretando e integrando estímulos y aún así, debido a mi personalidad, muchas veces no lo hago de una manera totalmente fidedigna a la realidad.

Un niño, con un sistema limpio de conductas y que posee una capacidad infinita para asimilar toda la experiencia social, toda la estimulación del mundo que le rodea, una “máquina” extraordinariamente sofisticada cuya evolución conlleva un proceso largo y dividido en varias etapas, ¿puede entender lo que se dice en serio de lo que no?

Partamos de la base de que no todo lo malo que se hacen los niños entre compañeros es acoso escolar. No podemos olvidar que son niños y están aprendiendo a ser los adultos que convivirán entre nosotros el día de mañana. Siempre ha habido peleas en los patios, comentarios de “grupitos” y los y las “más guay” que no querían tratar con nosotros por tener espinillas. Por mucho que hayamos evolucionado no podemos obligarles a comportarse con la madurez de una persona de veinte años, pero debemos darles las herramientas para que sean mejores niños.

Estamos en un punto en el que “la culpa” de todo es de los profesores, los colegios y del otro ¡Hola de nuevo! Soy profe y no sabéis la impotencia que se siente cuando uno de nuestros alumnos tiene una actitud violenta contra otro y al comentarle a los padres y madres la respuesta generalizada es, “¿y el otro qué? ¿has hablado también con sus padres?” Lo sé, vivimos en un mundo de competitividad y todos queremos ser buenos padres y dar la cara y proteger a nuestros hijos. Conozco perfectamente la sensación porque yo también vengo de esa generación en la que nuestros padres y madres no nos defendían con tal de no discutir con los demás ni avergonzarse. Somos padres y madres coraje, pero a veces deberíamos reflexionar sobre el ejemplo que les damos. Nos escuchan entre bambalinas. Sí, sí, tal cual película. Y lo malo es que lo interpretan dentro de sus capacidades, dentro de sus experiencias, de su mínimo entendimiento. Y SE LO LLEVAN A CLASE porque para ellos somos un ejemplo. Su ejemplo.

Vuelta a empezar. No, no digo que seamos los padres y madres los culpables de que un niño acabe acosando a otro. Hay muchísimos factores que intervienen para que esto acabe ocurriendo en los colegios e institutos. Algunos actúan desde la popularidad e impulsividad. Otros debido a sus grandes habilidades sociales. Muchas veces ellos fueron primeramente víctimas de acoso escolar. Pero todos ellos tienen algo en común y es que no toleran bien la frustración. Lamentablemente estos niños o niñas, quienes se encuentran en desarrollo de esa peligrosa conducta, pueden encontrar refuerzo y facilidad de manipulación en comentarios “sin importancia” de quienes estamos alrededor. Veo que este es el mejor momento para hacer un repaso rápido de los tipos de bullying que puedo llegar a identificar.

Físico; el más evidente y común. Empujones, golpes e incluso palizas de uno o varios agresores contra una sola víctima.
Verbal; utilización del lenguaje con el fin de discriminar. Se difunden bulos o cotilleos, se gastas chistes o se ponen motes. Hay insultos, amenazas y se generan rumores de carácter racista o sexual entre otros. Es el más usado durante la pubertad.
Psicológico; existe una persecución contra la víctima con tal de fomentar su sensación de terror y dañar su autoestima. Es el más difícil de detectar.
Sexual; donde podemos encontrar homofobia, inducción al abuso sexual, asedio y referencia a partes íntimas de forma malintencionadas.
Social; se basa en la exclusión y aislamiento de la víctima ignorándolo, tratándolo como un objeto, no dejándole participar…
Y ahora por favor sumadle a todo esto las maravillas que pueden hacer las redes sociales con una foto, un vídeo o palabras hirientes hacia esos niños.

Monstruoso. También espero que podáis ver que un momento de cabreo entre dos compañeros no es algo alarmante. Tampoco el hecho de que no se caigan bien y tengan sus opiniones propias sobre el otro.

Y entonces me encuentro a la salida del colegio, recogiendo a mi niña con unas ganas locas de verla, y entre tanto escucho al grupo de padres y madres de la derecha. Son de 1ºA y están hablando de un tal Jorge ¡Hay que ver con Jorge! ¡Se porta fatal! El otro día contestó a la profesora y no quiso callarse cuando se lo pidieron y hasta lanzó el libro contra el suelo, así es que mi hija de 3 años (fuente totalmente fiable) me ha dicho que le expulsaron de clase. Ya le he enseñado a mi hija que eso está fatal y que no se acerque a ese niño. Sí, así tal cual.

Otro día llega mi hija a casa con un examen corregido. Segundo de Bachiller, ¡que estrés! La semana pasada estuvo en Emma’s con su profe preparando un súper trabajo, con una presentación tan excelente que íbamos a conseguir pasar de ese 4,8 al 5 que necesitamos para poder presentarnos a la prueba de acceso a la Universidad ¡Qué nervios! Lucia, ¿qué nota te han puesto? ¿¿¿Un 2???? ¿Y esta nota de la profesora? “Tú no puedes hacerlo así de bien. Yo también tengo wikipedia” ¿Que se ha reído todo el mundo?

No invites a ese niño a tu cumpleaños porque la madre me cae fatal. Ese con la carrera que lleva no va a llegar a nada. Que niña tan rarita. Ese otro hereda la ropa, mira que pintas. Cuando yo era pequeño a los pelirrojos les llamábamos… Y puede que no sea nuestro hijo o hija el que escucha, pero no podemos remediar que en algún momento nuestras opiniones les afecten y refuercen las conductas violentas de quienes sí están por la labor de llevarlas a cabo.

Y por supuesto del otro lado, los colegios y algunos de sus profesores. Soy la primera que siempre digo que los profesores deberíamos medir mucho nuestras palabras a la hora de corregir o ayudar a entender a un alumno lo que hace mal, ya sea en los estudios como en su comportamiento hacia los demás. El que un profesor señale con el dedo es crucial para mostrar la debilidad de alguien o, al contrario, para hacerle el más fuerte. Por no decir que lo creamos o no compañeros de profesión, somos su referente. Sí, las cosas han cambiado mucho desde que nosotros éramos alumnos hasta llegar a la situación actual, pero siguen necesitando nuestra ayuda. Comentarios hirientes, chascarrillos que sólo un adulto interpretaría adecuadamente, forzar la vergüenza del alumno si no participa, permitir dibujos obscenos de compañeros en libros y cuadernos con tal de no discutir con los padres, o no pasar ni una y no dejarles ser niños ¿de verdad es todo esto necesario? Qué difícil es encontrar el equilibrio si no nos ponemos todos de acuerdo.

Aún queda un largo camino de reciclaje para conseguir que los profesores veamos a los niños no como alumnos sino con el respeto de estar tratando con personas con las que hacer equipo y construir un futuro mejor. Personas que podrían llegar a curar enfermedades, descubrir nuevos planetas o hacer las mejores tartas del país. De la misma manera, nosotros mismos como padres deberíamos darles ese mismo respeto, por no hablar del que merecen aquellos quienes les ayudarán y enseñarán en el difícil camino de la recopilación de conocimientos que les lleve a elegir quienes serán el día de mañana.

Tema complicado este del “acoso escolar”, lamentablemente fuera del alcance de todos ya que el pararlo al parecer depende exclusivamente de aquel que lo lleva a cabo, ¿o no?



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